Edición 24/03/2007


Declinación sexual.


Andropausia es el proceso por el que la capacidad sexual del hombre va declinando con la edad, junto a otras funciones orgánicas. Así como la mujer, luego de la menopausia, ya no podrá engendrar, el hombre va perdiendo potencia sexual; pero sin ciclos tan marcados ni pérdidas tan abruptas.



La actividad sexual del varón no está atada a periodos regulares como en la mujer, pudiendo engendrar en cualquier momento por la constante producción de espermatozoides, ni presenta un punto límite preciso, como la menopausia. Un hombre es capàz de procrear aun a muy avanzada edad. En algunos, la función puede mantenerse hasta pasados largamente los 70, dependiendo de cada caso. Por eso, para muchos el término andropausia (pausia, del griego, cesación) no es correcto, y tampoco climaterio masculino (del griego, escalón, refiriendo al cambio de estadio), ya que no se produce un cambio abrupto y puntual, sino progresivo.
Mientras la ciencia aporte un término más apropiado, se usa el término andropausia para englobar las alteraciones que afectan al varón desde alrededor de los 50 años, que tienen que ver con el progresivo descenso del nivel de andrógenos (hormonas masculinas). La actividad de estas hormonas repercute en muchos procesos del organismo, pero sus consecuencias se perciben muy especialmente en la capacidad sexual.

Enfrentando cambios
Los cambios y síntomas que puede provocar la Andropausia pueden presentarse no sólo referidos directamente a la función sexual; también al plano anímico, pudiendo provocar irritabilidad, desasosiego o hasta una tendencia a la depresión. Pueden ser responsables también de alteraciones en la convivencia, dependiendo de cómo se adapte la pareja a procesos tan distintos, luego de compartir su sexualidad durante décadas.
Entre los síntomas que podemos observar en los varones durante este proceso, casi la mitad de la población masculina hacia los 60 años puede presentar estas alteraciones:
- Hipogonadismo: disminución natural y progresiva de la función testicular, con descenso progresivo de la testosterona.
- Declinación de la calidad seminal y la capacidad fecundatoria. La eyaculación presenta menor volumen y proyección.
- Declinación de la erección debido a una pérdida más rápida de la vasocongestión genital. Mayor necesidad de estímulos físicos y la excitación requiere más tiempo.
- El orgasmo sufre modificaciones, volviéndose menos intenso y de menor duración.
- Menor producción de otras hormonas, como la del crecimiento (somatotrofina producida en el hipotálamo) y la secreción de las glándulas suprarrenales (noradrenalina y adrenalina y corticoides, que tienen papel central en la respuesta orgánica al estrés).
- Ginecomastia, es decir, agrandamiento de las mamas.

Como consecuencia de algunos de estos cambios, disminuye la masa muscular y aumenta la acumulación de grasas, que puede acarrear el aumento del colesterol y la propensión a la obesidad y enfermedades cardiovasculares.
Las alteraciones sexuales son un aspecto del proceso, pero los demás aspectos ayudan a que el hombre sienta que va perdiendo su masculinidad, su potencia sexual y parte de su atractivo. Y con ellos podrá perder algo de su seguridad y autoestima. Salvo que tenga la suficiente información para comprender lo que le sucede y adaptarse a su nueva realidad, podrá vivir este proceso con gran sentimiento de pérdida.

Pérdida o progreso
En la vida nada permanece estático e inmutable. Si bien el envejecimiento lo viven muchos como algo negativo, es en realidad un proceso cuyas etapas no son ni mejores ni peores, sino distintas. Algunas supuestas "pérdidas" son solo adaptaciones a nuevas necesidades vitales, que responden a procesos sabios de la naturaleza. Pero el proceso no es igual en todos los hombres. Por ejemplo; en el 50% de los varones de más de 80 hay producción de espermatozoides con capacidad para fecundar. Pero pocos hombres desean ser padres a esa edad, pensando en el futuro de sus niños.
Tampoco todos los efectos de la Andropausia son negativos. El orgasmo existe y es satisfactorio hasta en edades superiores a 90. Por otro lado, hay una respuesta sexual más larga, que evita en gran medida una disfunción típicamente joven: la eyaculación precoz. Esto puede repercutir en una mayor satisfacción para su pareja durante el coito, ya que la mujer requiere, en general, una estimulación más prolongada.
En la cultura occidental está muy difundido el preconcepto de una vejez naturalmente asexuada. Pero la sexualidad humana, a diferencia de otras especies, no se compone sólo de procesos orgánicos y tendencias instintivas. El hombre y la mujer gozan de una sexualidad compuesta también por elementos psicológicos muy fuertes. Estos pesan a veces mucho más que lo físico, dando lugar a diversidad y riqueza inagotable de deseos, actividades y preferencias. Un hombre maduro o viejo puede mantener intacta y hasta potenciada toda la carga psicológica que engloba la sexualidad. Una pareja puede tener un nuevo florecer de su sexualidad a muy avanzada edad, en la cual puede haber una mayor comprensión y entrega espiritual. Por supuesto, esa sexualidad cambia en sus ritmos y modos de expresarse. Muchos hombres se sienten víctimas de la supuesta pérdida que significa la Andropausia porque no han comprendido que su nueva realidad no le permite expresarse sexualmente como antes, sino que impone cambios. Quienes puedan comprender y manejar estos cambios podrán ser sexualmente felices.


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