El estrés envejece hasta una década: Altera la
genética de células y tejidos.
En
la intimidad de los delicados mecanismos genéticos que
rigen la división y la multiplicación celular,
los científicos han hallado pruebas fehacientes de que
el estrés anticipa el envejecimiento.
El hallazgo del Laboratorio de Neuroendocrinología de
la Universidad de California demuestra que una acumulación
de situaciones estresantes es capaz de agregar muchos años
más al ADN de una persona que los de su edad cronológica
real. Los científicos encontraron que las células
de la sangre de mujeres que habían pasado la mayor parte
de sus vidas cuidando de un hijo discapacitado tenían,
genéticamente hablando, una década más
de edad que las mismas células de aquellas madres que
llevaban menos tiempo en la misma difícil tarea.
El estudio sugiere también
que la percepción de estar estresado puede agregar años
genéticos a la edad biológica de una persona.
A pesar de que los médicos han relacionado el estrés
psicológico con una función inmunológica
débil y un mayor riesgo de contraer infecciones, aún
intentan comprender cómo es que esta tensión permanente
daña y debilita los tejidos del organismo. La nueva investigación
sugiere una manera en que ese deterioro podría ocurrir
y, lo que es más promisorio, abre la posibilidad de que
el proceso pueda ser revertido.
"Es un significativo descubrimiento", dijo el Dr Bruce
McEwn, director del Laboratorio de Neuroendocrinología
de la Universidad Rockefeller, y agregó que el hallazgo
brinda algunas de las más claras evidencias acerca "del
daño que pagan los tejidos luego de una vida con alto
estrés". "Ya sabemos que al envejecer tenemos
más tendencia a engordar, a desarrollar enfermedades
de corazón y diabetes, pero esto es una novedad."
En el experimento, las doctoras
Elissa Epel y Elizabeth Blackburn, de la Universidad de California,
en San Francisco, dirigieron un equipo de investigadores que
analizaron muestras de sangre de 58 madres jóvenes y
de mediana edad, 39 de las cuales cuidaban a un hijo con enfermedades
crónicas, como autismo o parálisis cerebral. Utilizando
técnicas genéticas, examinaron el ADN de los glóbulos
blancos, que son fundamentales para la respuesta del cuerpo
ante una infección. Las científicas se centraron
en una parte del ADN llamada telómero, en el extremo
de los cromosomas de la célula.
Como la cabeza de un fósforo partido, el telómero
se contrae cada vez que la célula se divide y se duplica.
Las células se reproducen a sí mismas muchas veces
en la vida para reparar y fortalecer al órgano que las
alberga, para crecer o para luchar contra cualquier enfermedad.
Una sustancia química llamada telomerasa ayuda a restaurar
una porción del telómero en cada división.
Pero luego de 10 a 50 divisiones, el número varía
según el tipo de tejido y el estado de la persona: los
biólogos aún no comprenden bien cómo funciona
el sistema, pero el telómero se vuelve tan corto que
la célula no puede reproducirse más.
Las personas que nacen con una enfermedad genética llamada
disqueratosis congénita, que causa un acelerado acortamiento
de los telómeros, mueren jóvenes, frecuentemente
por complicaciones debidas a un sistema inmunitario débil.
Se cree que el cambio en la longitud del telómero, a
través del tiempo, es la medida de la edad de la célula,
de su vitalidad.
Cuando los investigadores compararon el ADN de madres que cuidaban
hijos discapacitados, encontraron una impactante tendencia:
luego de considerar los efectos de la edad, calcularon que cuanto
más tiempo las mujeres habían estado cuidando
a su hijo, más corto era el largo de su telómero
y más baja la actividad de su telomerasa.
Algunas de las madres más experimentadas tenían
más años que su edad cronológica, según
las mediciones de sus glóbulos blancos.
"Cuando la gente bajo estrés aparece ojerosa, es
como si envejeciera delante de nuestros ojos, y acá está
sucediendo algo a nivel molecular"; eso es lo que refleja
esa impresión, aseguró la doctora Blackburn, profesora
de bioquímica y biofísica.
Los investigadores también
dieron a las mujeres un cuestionario donde se les pedía
indicar el grado de agotamiento que sentían en su vida
cotidiana y con qué frecuencia se veían incapacitadas
para controlar cosas importantes. Las mujeres bajo fuerte estrés
también tenían telómeros significativamente
acortados comparados con los de las que se sentían más
relajadas, estuvieran criando o no a un niño discapacitado.
"Algunas mujeres con estrés real también
tenían una baja percepción del mismo y el próximo
paso será tratar de comprender qué es lo que provoca
este tipo de poder de recuperación".
Se planea estudiar el efecto de la meditación y el yoga,
en la percepción del estrés y en la longitud del
telómero. Un tipo de tratamiento, la terapia cognitiva,
en la que la gente aprende a moderar sus respuestas al estrés,
también podría ayudar.
Genes y educación
Sin embargo, la personalidad y la educación también
cuentan para lograr una diferencia.
En 2003, un grupo de investigadores comenzó a estudiar
a 850 personas de Nueva Zelanda desde el nacimiento hasta los
26 años e informó que las variaciones en un solo
gen ayudaron a predecir qué niños serán
más tarde susceptibles a la depresión ante acontecimientos
estresantes, como el divorcio y el desempleo.
Los investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de
los EE.UU. demostraron en monos que una crianza afectuosa y
atenta de las crías podía proteger a los animales
jóvenes de esta variación genética promoviendo
el poder de recuperación en individuos genéticamente
vulnerables. Una educación fría y abusiva puede
tener el efecto opuesto.
"Todos estos factores se entrelazan en la forma en que
una persona maneja el estrés -dijo Ronald Glaser, director
del Instituto de Investigación de Medicina Conductista
de la Universidad de Ohio, quien documentó el efecto
del estrés en la función inmunológica-.
Ahora tenemos evidencias, desde un amplio rango de campos, de
estudios de curación de heridas, de inflamación,
de vacunas, y recientemente, de la edad de las células,
lo que realmente explica que el estrés puede causar daño."
El estudio del telómero debe repetirse y por ahora nadie
demostró convincentemente que el estrés psicológico
acorta significativamente la vida de las personas.
Además, está lejos de quedar claro con exactitud
cómo inquietarse por los problemas de aprendizaje de
un niño, por ejemplo, puede causar que los telómeros
de los padres se acorten antes de tiempo. A pesar de que los
investigadores saben que la tensión emocional de este
tipo provoca la liberación de hormonas del estrés,
como el cortisol, que con el tiempo puede dañar las células,
nadie sabe cómo estas hormonas u otras toxinas relacionadas
con el estrés afectan a los telómeros.
FUENTE: Benedict Carey. De
The New York Times